Comencé mi camino justo después de sacar el carnet para conducir una moto de 125cc. Mi padre, que conducía una moto grande, me llevó a un curso de formación para motoristas después de que tuviera dos pequeños accidentes en carretera en poco tiempo.
Los Niveles 1 a 3 me parecieron fáciles e incluso algo aburridos, aunque recibí muchos consejos útiles para manejar mi moto con más suavidad. Solo conducía una 125cc, así que no iba muy rápido… o eso pensaba, hasta que llegamos al Módulo 4, donde pasamos al circuito.
En el Nivel 4 pude aplicar todo lo que había aprendido de golpe, y ahí fue cuando empezó la emoción de verdad para mí. Como joven amante de la velocidad y la adrenalina, tuve la oportunidad de experimentarlo con seguridad en pista, donde además recibí indicaciones para rodar aún más seguro y con mayor técnica. Aún recuerdo la primera vez que la estribera tocó el suelo en una curva; me asusté, pero mi instructor usó ese momento para enseñarme a inclinar mejor usando el cuerpo y mantener la moto estable.
Aprendí a usar la cabeza, la mirada, los pies, las piernas y los músculos del core para tener el control de la moto. Para cuando pasé a una 400cc, ya había estado en varias tandas con los instructores, y pude probarme en los Niveles 6 y 7 junto a pilotos que llevaban motos de 600cc hasta más de 1000cc. Fue muy emocionante ver cuánto había progresado gracias a la guía y los comentarios de los instructores, y poder rodar con confianza junto a otros en motos mucho más potentes.
Ahora, con más de 20 años y conduciendo una Harley, todo ese conocimiento sigue conmigo, y me siento mucho más seguro cada vez que salgo a rodar por carretera.

